OLGA DE LA CUESTA
LA PINTORA DE LAS NEGRITAS
Contemplar
la obra pictórica de Olga de la Cuesta es sentir de inmediato el
suave contacto con una tierna atmósfera de color donde salta en
tonos de luz y sombra la generosa silueta de los niños. Valga
decir mejor, de las niñas, porque ella pinta especialmente
niñas con ojos tan vivaces que parecen vivir por fuera de sus
cuadros.
Una
mirada cautelosa a toda su obra al instante nos conduce al asombro, el
erizo de la piel, a la ritualidad del silencio y a la meditación
profunda. Cada cuadro suyo es un universo construido con la magia
poderosa de su sencillez.
A
primera vista sus ñiñas dan la impresión de seres
de nuestro mundo infantil que de veras nos pertenecen por que las vemos
todos los días en las calles de nuestra población. Yo
diría que este es uno de los grandes logros de Olga, el poder
entregarnos aspectos de nuestra cotidianidad, ya que al ejercitarse en
la pintura de niñas negras nos obliga a mirarnos en el espejo de
los territorios habitados por comunidades de raíces AFRO.
Las
niñas negras de Olga de la Cuesta usan peinados comunes y
corrientes, algunos con trenzas y flores enredadas en los cabellos,
llevan vestidos sencillos y amplios como si estuviesen movidos por la
fuerza del viento, situación esta que nos manifiesta un vivir
descomplicado y humilde. Las niñas dejan entrever una seguridad
de carácter y solidez de temperamento.
La alegría es una verdadera constante que se expresa en sus
rostros sosegados y angelicales, como también en sus labios
abiertos o cerrados y especialmente en la viva luminosidad de sus
ojos. La integridad de su Obra Negra, tal y como ella ha bautizado, no
es más que el culto que se le rinde a la alegría.
A
través de su plástica, Olga nos lleva al reencuentro con
nosotros mismos, en el sentido que presenta aspectos novedosos de
nuestra etnia.
Es posible considerar que si la sensibilidad de la artista se
expresa cautelosamente en el acto sublime de pintar niñas
negras, es porque seguramente en lo más hondo exista una
manifestación de confraternidad con la negritud, lo cual ella
solo puede expresar mediante el color, Olga nos ayuda a recuperar el
sentido de belleza de nuestra raza y nos hace reafirmar aquello que
reza una canción de nuestros ancestros: "Las caras lindas de mi
gente negra".
Todo ríe y nada se queda en el plano de la pesadumbre, pues en
el fondo no son las niñas las que ríen en los cuadros, si
no la interioridad de Olga de la Cuesta.
Para las niñas de Olga resulta bien traído el verso del poeta español Luis Cerneda que dice:
"Sonrisas,oh miradas de los labios;
miradas,oh sonrisas de luz triunfante."
HÉCTOR LEÓN MINA V.
Te
invitamos a que disfrutes las obras de la artista Olga de la Cuesta en
el Edificio 305 Alirio Sardi, antigua fundación Ágora, de la sección de Desarrollo Humano y
Promoción Socioeconómica.
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