
Jueves 22 de mayo de 2025
La pérdida de una compañera dentro del campus ha estremecido profundamente a la comunidad universitaria. En medio de la tristeza, la incertidumbre y el enojo, han surgido también respuestas valientes y creativas: acciones colectivas que, desde el arte, la palabra y la escucha, buscan resistir la violencia y sembrar un camino hacia la seguridad, el cuidado y la transformación.
Una de esas voces es la de Isabel Cristina Ordoñez, estudiante de Historia, quien expresa con claridad la importancia de lo que está ocurriendo en estos días: “Nos falta un poco más de unión, pero las personas que estamos comprometidas intentamos visibilizar las problemáticas que está atravesando la universidad. Es muy triste ver cómo una de nuestras compañeras ya no está”. En medio de su pesadumbre, valora profundamente los espacios de memoria y expresión: “Espacios como en el que estamos, poniendo mensajes, colgándolos en las paredes, son muy importantes. Y espero que podamos unirnos más, crear más comunidad y un lugar más seguro de habitar”.

Por su parte, las unidades académicas, grupos estudiantiles, colectivos y colectivas han promovido actos simbólicos, círculos de palabra, jornadas artísticas y momentos de acompañamiento y reflexión. En Univalle se está hablando de manera seria y contundente acerca de la violencia de todo tipo y, en especial, de las violencias de género.
Iniciativas estudiantiles como Ultravioleta, nacida en la Facultad de Artes Integradas, han sido clave: se han organizado y se están pronunciando con acciones creativas y efectivas, integrando el arte, el cuidado emocional y la reflexión crítica en cada gesto; estudiantes, docentes y trabajadores se han unido a sus actividades que van desde el bordado y la poesía hasta la creación de fanzines, emisiones y mesas de radio.

Valeria Muñoz, estudiante de Lenguas Extranjeras, destaca el valor de uno de los actos en su facultad: la pintatón. “Lo que estamos haciendo hoy aquí es algo bonito, porque estamos tratando de plasmar mensajes que no solo sean de luto, sino también que llamen la atención de otras personas que no se dan cuenta de este tipo de problemáticas que ya existían”. Reconoce que lo que ocurrió fue una semilla: un hecho doloroso que obligó a ver lo que muchas ya sabían y vivían. “Esto ya venía pasando desde hace años. Solo no se tenía tan en cuenta ni tan presente”. Su testimonio también evidencia una herida profunda: “No conocía a la compañera, ni soy de Palmira, pero uno no tiene que conocer a la persona para sentirse mal por lo que le pasa. Cuando me di cuenta de eso me dio mucha tristeza y mucha ira. Me dio mucha rabia que con la persona que hizo esto no hubiera podido haber justicia”.
Desde la Biología, Manuela Paz comparte una reflexión íntima, dolorosa y poderosa. “Siento como un llamado a organizarme. Fue un llamado de atención, como esos regaños buenos que le da a uno la abuela… Primero, me he quedado en silencio con mis propios acosadores. Me he quedado en silencio muchas veces, entonces, me sentí cómplice, porque yo guardo silencio y hoy una mujer ya no está con nosotros”. Su testimonio y el de su compañera Celeste Ortiz, estudiante de química, resuenan con fuerza entre quienes han vivido violencias y ahora entienden que el silencio también duele. “Algo que me marcó fue darme cuenta de la soledad. Y encontrar que esa soledad se supera con el acompañamiento… Sentimos en comunidad y perder eso es aberrante. Y recuperarlo es lo que estamos intentando gestar”, en su facultad hicieron un círculo de la palabra en el que compañeras y compañeros participaron a la luz de las velas. “A todas las chicas que han participado, que han compartido experiencias, es abrazarlas y decirles: aquí estamos para lo que sea”.

Construir paz y tranquilidad en nuestros campus no es solo una tarea pendiente: es la verdadera meta. La seguridad, el bienestar y el cuidado los construimos en comunidad, mejorando aquello que ya tenemos adelantado, generando soluciones de manera propositiva. Lograremos avanzar con un trabajo conjunto, continuo y comprometido.
Hoy, más que nunca, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de escucharnos, de acompañarnos, de sanar y cambiar. Porque si algo nos han enseñado estas voces valientes es que solo juntas, solo juntos y…., podemos construir un lugar digno de ser habitado.